domingo, 26 de octubre de 2014

 
Confederación Nacional Turística
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Tradiciones

 

Trascendiendo de generación a generación, invaden cada uno de los rincones de esta ciudad, sus fiestas, sus tradiciones artesanales artísticas y culinarias; reflejando en el quehacer diario, sentimientos que enriquecerán el ambiente de una cultura latente, defendiendo cada página, cada voz que enaltece su leyenda.

No es fácil descubrir los sitios en donde se elige la condimentación de la comida coleta, sus dulces, el pan caliente, en donde se elabora la artesanía; el sancristobalense esconde sus secretos en casonas de refugiante humedad, en traspatios que han sido testigos de mañanas, atardeceres y veladas nocturnas en que las familias dedican sus manos al quehacer que distingue cada uno de los barrios. Habrá sitios que usted podrá visitar, abiertos para el turista.

Los Barrios

Tradición Culinaria

La Música

 

HISTORIA DE SUS BARRIOS.
Juan Blasco

La Villa Real fue concebida como una villa española rodeada de pueblos indios; separada de las poblaciones autóctonas pero relacionadas con ellas a través de múltiples mecanismos de dominación tanto económicos como ideológicos.

Con los conquistadores llegaron indios mexicanos y tlaxcaltecas: “y con las guerras y el cansancio del bagaje se consumió la mayor parte de ellos”.
Para aumentar el numero de “indios amigos” que se integrarían a los barrios, se solicitó a las autoridades de la ciudad de México:


“que mande venir a poblar esta tierra cerca
de esta Villa doscientos indios con sus
mujeres, que sean de tierra de México…”


Los grupos de indios llegados a México, Oaxaca y Guatemala, consideraban que debían ser tratados como vecinos y no como siervos, puesto que habían llegado en calidad de conquistadores a invitación de los españoles.
En los siglos posteriores, se dieron frecuentes conflictos entre los barrios y la población española concentrada en el Recinto.

Los barrios más antiguos son los de Tlaxcala y Mexicanos, ocupados por los indios llegados con la tropa española. Poco después se fundaron los barrios de San Antonio, San Diego y Cuxtitali.

Villa Real pasó a llamarse Ciudad Real en 1536, nombre que conservaría hasta 1829, fecha en que cambió su nombre por el de San Cristóbal. En el año de 1549 fue proclamada en Ciudad Real, la abolición de la esclavitud indígena. Un grupo de indios de la región, esclavos hasta por 20 años de los españoles, decidió quedarse a vivir en los terrenos cedidos a espaldas del convento de Santo Domingo antes que regresar a sus pueblos de origen.

Al irse extendiendo la mancha urbana y acabar por romper con el relativo aislamiento en que se encontraba, los barrios han ido perdiendo su antigua imagen y parte de sus costumbres tradicionales.

En los dos últimos decenios, las zonas periféricas del Valle han visto surgir nuevas colonias de población predominantemente india. Su llegada está relacionada con una serie de factores demográficos, económicos y religiosos. Así han ido apareciendo la Hormiga, Nueva Esperanza, María Auxiliadora, El Relicario, Peje de Oro, La Garita, La Almolonga. Hasta llegar a construir un nuevo cinturón indígena que viene a repetir en algún sentido la antigua división colonial entre el Recinto y los barrios de los indios, en una sociedad más abierta y dinámica que la de los siglos de dominio español.

 

SAN CRISTOBAL Y SU RELIGION.
Renato Rondolini


Truena un cohete en el aire. ¿Será una fiesta, un novenario, la nacida o la sentada, un rezo, una bendición, una boda o cabo de año, bautismo o comunión? Se mezclan olores de pólvora y de juncia (hojas de pino esparcidas en el suelo), de pan y de flores, de incienso abundante.

Llegan ecos de cantos tradicionales, confusas oraciones, se oyen gritos de dolor en el funeral que sale de la iglesia y se dispone a paralizar el transito, o es la voz de la marimba que a lo lejos se libra de lo monótono ritmo de un bajo y el estridor de un ebrio saxofón.

Es la fiesta, y el arpa monótona acompaña a la imagen del santo, mientras expresa con gemidos el drama de su vida, externando en voz alta sus repetidas peticiones, sin distraerse con el alboroto del entorno.

Hay mucha gente por las calles. Todos caminan hacia la misma dirección. Es una fiesta de barrio, es la fiesta más grande que celebra una comunidad identificada con su templo, su santo, su historia y tradición.

Una fiesta de barrio se empieza a preparar muchos meses y hasta un año antes, con el nombramiento de las juntas que recaudan ayuda visitando cada familia y organizando parte del evento que le corresponde: La novena, el día de la mudada, el rompimiento, la descarga de cohetes y las bombas,los maitines, la música y mil cosas más.

Cuando se acerca la celebración se elabora un detallado programa lleno de nombres de personas, más que de fechas y horarios, significando así la carga de participación humana en la comunidad. El programa se imprime en una hoja grande y se reparte en toda la ciudad y queda después como un recuerdo y un documento que hará pasar a la historia esos nombres motivando a las nuevas generaciones.

Con la novena va aumentando progresivamente la participación de la gente; llegan peregrinaciones, flores, luces, puestos de venta, adornos de todo tipo, empiezan a instalarse los juegos mecánicos, las tarimas de los conjuntos musicales.

Hay impaciencia, se acerca la fiesta; ¿Cómo saldrá este año, hará buen tiempo, se alcanzara a prepararlo todo?

Llega el día de la mudada llamada así porque cambia el ropaje al santo, se limpia la imagen con algodones que serán repartidos a todos. Se celebra en un domingo que cae en la novena.
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El día anterior a la fiesta empieza con el rompimiento a muy temprana hora, con una fuerte descarga de cohetes y bombas, que sacuden el vecindario. Salen rumbo al cerro los jóvenes y señores que traerán el follaje (las ramas verdes para el adorno). Empieza a tocar la primera marimba en la puerta del templo. Al medio día acompañados por el mariachi, llegan a los carros con el follaje. Los anuncian cohetes; y las muchachas aguardan con su dulce de calabaza. Se preparan los maitines.

La solemne celebración de los maitines, a las ocho de la noche, convoca el mayor número de personas, dentro y fuera del templo. Hay alegría en todas partes, saludos, conversación de amigos tomando un ponche cargado y caliente para quitar el frío de la noche que empieza a calar. La gente entra y sale del templo, para visitar al santo. Rezan, cantan y luego revienta la fiesta con los conjuntos musicales en la plazuela. Ya no cabe la gente; bailan, comen, juegan, mientras los juegos pirotécnicos alumbran el cielo.

Ahora allí, en el barrio, está presente toda la ciudad y los vecinos se sienten orgullosos de haberla reunido.

Se hace tarde y hace mas frío. La gente regresa a sus casas. Quedan los encargados de la fiesta para adornar el templo, por dentro y fuera, con el papel picado, juncia, ramas y muchas flores. Se trabaja durante la noche para que todo esté perfectamente listo al siguiente día, así el santo estará contento, y la gente también; los organizadores recibirán la aprobación de la comunidad, y qué gran premio reciben cuando oyen decir:

“Este año se lucieron; !Qué alegre estuvo la fiesta! “

Y el mero día amanece espléndido de colores, música y gentío. Ya nadie se siente solo, se goza la comunidad y las creencias arraigadas en el fondo del corazón y de la historia se expresan de mil maneras.

La religiosidad corre como sangre en las venas de la cultura y al mismo tiempo que la repite, la renueva y la revive. Todo lo que se ve afuera, tiene un motivo adentro. Solamente lo conoce quien es parte del todo, una experiencia que sólo puede ser vivida, no fotografiada.

El calendario de celebraciones religiosas en San Cristóbal
es tan intenso y variado que no hay día del año sin que resuene en el aire el tronido de un cohete que anuncia, invita y convoca.

Empieza el año con las innumerables celebraciones de las nacidas, en los templos, en las casas; al Día de Reyes les siguen las sentadas del Niño Dios, con sus madrinas y patrocinadores. El Miércoles de Ceniza, la gente llena los templos pidiendo una señal de su arrepentimiento, mientras se va preparando la Semana Santa. Es el Jueves Santo el día de mayor concurrencia y participación religiosa en San Cristóbal. Se prepara en cada templo el monumento, original y reluciente cada año, con centenares de lámparas y velas, flores, luces y símbolos sagrados, para albergar al Santísimo que después de las misas de la tarde, será custodiado y adorado toda la noche. Son las ocho o las nueve y la gente se derrama por las calles, ahora si silenciosa y recogida, visitan una y otra y otra iglesia, rezan, recuerdan, prometen, hasta que la niebla de la noche adormece la ciudad.

El Viernes Santo son las procesiones del Via Crucis que ocupan la mañana, un clima de respeto y silencio se nota en todas partes, hasta que la tarde del sábado devuelve la alegría festiva que desemboca en la feria.

El 25 de julio es la fiesta del patrono principal, San Cristóbal, que reúne por varios días en la cumbre del cerrito a decenas de miles de personas.

Pasados los primeros de noviembre con sus muertos, se van terminando los preparativos para las muchas carreras de Antorcha Guadalupana. Actividades de jóvenes que trabajan todo el año en la organización de estos recorridos turísticos y religiosos a la vez. A finales de noviembre o iniciando diciembre van en grupo a lugares lejanos, hasta México, Oaxaca o Guatemala , para venirse luego corriendo por etapas, auxiliadas por medio de transporte y llegar al día 12 de diciembre puntualmente a presentar su antorcha encendida a la Virgen de Guadalupe, en el templo del barrio que lleve el mismo nombre. Gran fiesta la de Guadalupe, no solo para el barrio, sino para toda, la ciudad, seguida inmediatamente por la de Santa Lucia, el día l3 y la efervescencia de las posadas inminentes.

Diciembre, mes de celebraciones, vacaciones, retornos, encuentros, bodas y aniversarios; negocios , gastos y ganancias. Y en todo está presente la religión, que en un pasado aún cercano ha marcado el ritmo de la vida económica y social de la ciudad, pero que ahora permanece como nota musical de fondo para recordar que hombre y cultura son alimentados por una raíz que no se ve en el diario desenfreno de la vida , pero que aparece en mil retoños cuando la misma vida exige fiesta, alegría, paz absoluta y convivencia.

Esa voz de marimba que persiste discreta sobre el reventón de ruidos, en el atardecer monótono y lluvioso, invita a salvar la fiesta, a San Cristóbal, al corazón del hombre que siempre necesita de una fiesta.

Siglos de historia abrazadas por ásperas montañas envueltas en nubes tormentosas encierran un pueblo abierto al misterio que vive y celebra. Muchos vienen de lejos para ver hoy cómo fue su pasado y aprovechar algún sentimiento de nostalgia para tomar más en serio el mañana anunciado en la despedida del sol; en el trasfondo oscuro y frío de la noche que avanza, hace resplandecer las blancas fachadas de los templos y de las casas que miran a poniente. Es la luz y el calor de una religión que sigue penetrando en la cultura y de la vida y vigor, y le da crecimiento y esperanza en un mañana mejor.

San Cristóbal y su religión son para el mundo interesante de reflexión y encuentro y, para los que hayan perdido su memoria en el río caudaloso del progreso, no deja de ser un libro inédito.

 


PASEANDO POR LOS BARRIOS.

EL CERRILLO…..
El gusto por la herrería en puertas y balcones de las casas es evidente. Es en este barrio donde los los maestros herreros, forjan estilos originales, que van de la sencillez de barrotes pesados, a la elaboración de formas y figuras con particular significado. Como la tradicional cruz de esta ciudad, que suele colocarse en los techos de las casas y actualmente como adorno en jardines fuentes y paredes. Esta obra artesanal, consta de símbolos naturales: el sol, la luna, las estrellas, flores, la escalera que desciende a una nueva vida, la maldad en la tierra, haciéndose presente en la serpiente, el despertar diario por el canto del gallo, la muerte en la lanza; sobreponiéndose la balanza como el equilibrio que cada hombre elige en su vida, inclinándose al bien o al mal .

 

SAN RAMON.....
Los atardeceres fríos en este lugar, invitan a los habitantes a reunirse en casas de familiares y amigos. Es costumbre que las conversaciones sean acompañadas con café y chocolate con agua, así como con el delicioso pan caliente, el cual es elaborado desde hace muchos años en los hornos de este barrio. Desde las tres de la tarde los cestos y charolas se verán adornados con cazuelejas, rosquitas de anís y canela bañadas en ajonjolí, pan francés, figuras imaginativas y el nombrado marquesote. Además podrá encontrarse una gran variedad de dulces, con los que San Cristóbal ha sobresalido en muestras gastronómicas de diferentes Estados.

Dulces coletos. Chimbo (pan de yema aderezado con almíbar), cajetas de yema y frutas regionales, nuegados (pequeñas bolitas de harina fritas bañadas con almíbar), gaznates (rollo de pasta tipo hojaldre relleno de merengue), duraznos pasa, higos verdes con almíbar, yemitas en diversas figuras. Mocas, quesadillas de arroz, tartaritas de turrón y una variedad tan sorprendente como el sabor transmitido con base en el tiempo de su dedicación.

Es en san Ramón donde se encuentra uno de los talleres más importantes de alfarería. El barro símbolo de la creación, se concretiza en piezas de singular estilo, gracias a las manos de esta familia dedicada a elaborar en tornos y hornos de baja temperatura, vajillas, pisos, losetas naturales y cistalizadas, figuras originales, floreros, marcos, macetas, etcétera. Sacando continuamente todo aquello que muestre una creatividad comprometedora hacia ellos y hacia una comunidad exigente.

Este taller, atendido por sus dueños: Sr. Luis Mandujano e hijo, abr
e sus puertas al turista en la calle Aguascalientes No.1 de siete de la mañana a seis de la tarde.

 

LA MERCED.....
Las velas tienen un significado sagrado, de adoración, respeto y comunicación con lo divino. En templos y altares de algunas de las casas, resaltan por la delicadeza que se elige en colores y formas, que las familias expertas le dan a las flores y hojas que la componen en cada pieza.

En el barrio de la Merced podrá apreciar el trabajo de la cerería artística, a un costado del templo, cruzando la calle, encontrará tiendas que elaboran este quehacer.

 

MEXICANOS.....
Los bosque de este estado, uno de los más ricos y abundantes en pinos, encinos y cipreses, ofrecen una gran cantidad de materia prima para la producción de artículos de madera. Las campañas de reforestación que actualmente se llevan, permiten que el arte de la carpintería prevalezca.

El aroma y el sonido de las sierras, lo conducirá a los talleres escondidos en el barrio de mexicanos. Aquí encontrará muebles para todo tipo de gustos. Para la terminación de tallado clásico de este lugar, los maestros carpinteros lo recomendarán con “un su primo” o bien personas especializadas en esta labor.

 

CUXTITALI.....
Barrio que se distingue por la crianza porcina, condimentando de manera secreta embutidos como: chorizos, longaniza, butifarra y moronga. Característica es la limpieza en sus cortes de carne de puerco y chicharrón.

Cuxtitali ha conservado su antigüedad en cada una de sus calles, su iglesia y plazuela guardan un sabor rústico, que bien vale la pena disfrutar.

 

GUADALUPE.....
Las voces de los niños armonizan cada calle con sus risas y atropellantes palabras , envolviendo el juego del agarrador en un espectáculo inentendible para todos auquellos que han dejado su infancia; pero los artesanos de este barrio, se encargan de revivir con sus sueños, sus primeros años, los transmiten en camiones de carga, trompos, baleros, maromeros, aves rodantes impulsadas por un largo palo, la variedad de rostros que llevará un trepatemico. Ofreciendo todo ésto a cambio de las sonrisas de los niños chiapanecos, motivando así la creatividad del artesano.

Es de la iglesia de Guadalupe donde inicia una avenida que termina en la plaza central: Real de Guadalupe, en donde se han instalado los comercios que ofrecen artesanía indígena y la de los diferentes barrios.

Hoy en día las tradiciones de cada barrio se extienden a otros, podrá usted encontrar herrería, carpintería,
cerería, pan caliente y dulces, embutidos, juguetes y demás artesanías por toda la ciudad; pero la distinción que anteriormente se le ha otorgado a cada uno de los barrios, prevalece como actividad preponderante de los lugareños.

 


TRADICION CULINARIA
Beatriz Trujillo


La cocina coleta será parte importante dentro de la experiencia que le brindará esta Ciudad Real.
En la mayoría de sus barrios encontrará restaurantes y casas, invitándole a saborear platillos tradicionales, consecuencia del encuentro de dos culturas: indígena y española.

Exquisitas sugerencias:

Jamones Y Embutidos: elaborados, en su mayoría con carne de puerco, condimentados con pimienta, tomillo, laurel, arrayán, romero, yerbabuena y anís.
Asado Chiapaneco: carne de puerco, sazonado con el llamado recadito, mezcla de chiles secos y especias.
Chiles Rellenos: chile de tipo poblano, relleno con carne de cerdo y verdura, capeado, frito en aceite acompañado de un caldillo espeso de jitomate.
Cocido: caldo de carne de puerco, res y verdura.
Sopa de Pan: receta de condimentación secreta.
Lomo Relleno: lomo de cerdo, relleno con carne molida, almendras, pasas y huevos cocidos.
Chanfaina: menudencias de carnero con recadito.
Estofado de Carnero: Carnero preparado con especias, pan francés, vino dulce y chile en vinagre.
Lengua en Azafran: Lengua sazonada con azafrán, verduras, pan dulce y blanco, especias, aceitunas y pasas dulces.

Cuando usted pasee algún sábado por la tarde sobre las calles de la ciudad, le llamara la atención encontrar afuera de algunas casas, faroles hechos de papel celofán rojo, encendidos. Es costumbre que este día los habitantes compren para cenar los típicos tamales chiapanecos. La masa de maíz, la hoja de platanar y de elote, chile de Simojovel, ciruela, aceituna, azafrán, mole, mumo (hoja aromática), carne de puerco y condimentación secreta, distingue al tamal de bola y al untado, como uno de los platillos únicos de San Cristóbal.

 

ANTOJITOS REGIONALES.

No se pierda de probar las chalupas, preparadas con verdura y lomo de puerco. Los suculentos panes compuestos y los tacos dorados, preparados con masa especial.
Las bebidas que se acostumbran servir en mesas Sancristobalences son: la cervecita dulce, ponche caliente, atole agrio y la relajante mistelita (mistela en base a diferentes frutas curtidas en licor).

La tradición culinaria se presenta durante todo el año, pero habrá platillos y dulces que se preparan en ocasiones muy especiales. Así un pavo prensado, acompañado de ensaladas exquisitas será la cena para festejar la Noche Buena. No faltando las hojuelas tendidas, elaboradas de harina, yema, manteca, azúcar, sal y jugo de naranja, adornadas con canela, azúcar glass y miel de abeja.

Los visitantes podrán descubrir la enorme riqueza que esconde la tradición culinaria; sus platillos bebidas y dulces ofrecerán una bien merecida recompensa a los kilómetros recorridos para disfrutar de una mesa sancristobalense.

 

LA MÚSICA:
Jorgue Octavio Ponce de León A.

Las notas de la mayoría de las partituras utilizadas cuando los Dominicos trajeron los primeros órganos armonios, han permanecido dormidas, sin que nadie vuelva a ambientar las misas y ritos religiosos con la pentafonía guardada en el archivo de diocesano o en colecciones particulares.

Es así que esta real ciudad, contiene una relevante cultura musical. La riqueza de pianos alemanas y franceses con candelabros de cobre, plata o baño de oro y labrado finícimo en sus estructuras, eran los instrumentos que solían deleitar a las familias y amistades en reuniones de una sociedad amante de la música clásica y barroca; Siendo las señoritas, principalmente, las que estudiaban dicha ejecución, con maestros particulares o en reconocidas Escuelas de la Enseñanza.

El cielo azul, la singularidad de sus calles, el ambiente natural que rodea al valle y el romanticismo que emerge de una historia, han formado un marco de inspiraciones para grandes músicos compositores, nacidos en estas tierras. Destacando hasta la fecha: Abel Domínguez Ramírez con obras, como “ Oye cómo suena la marimba”, Eduardo Domínguez Sánchez con: “Muñequita”, “Alborada chiapaneca”, “Serenata sureña”.

Y los reconocidos Hermanos: Abel, Alberto, Armando y Ernesto Domínguez Borráz, quienes han plasmado el romanticismo en obras como: “Capullito de alhelí “ , “Perfidia” , “Frenesí “ , “ Al son de la marimba”, “ Luna de Miel” ,” Cancionero”, entre muchas otras.

 

SERENATAS O GALLOS

Antiguamente las serenatas, solían tener detalles muy especiales. El enamorado enviaba un anunciamiento por medio de una fotografía de la homenajeada, apareciendo en el ángulo izquierdo, entre una artística guirnalda de flores, la dedicatoria y nombre de las piezas elegidas con su respectivo autor. Por lo general aquel joven contrataba una orquesta o un grupo de marimba. También se acostumbro la serenata con piano del cual solía ser trasladada en una carreta tirada por un par de bueyes.

Las serenatas siguen escuchándose en las calles de San Cristóbal, aunque el anunciamiento y el piano forme ya parte de una historia, los jóvenes enamorados ahora acompañan sus sentimientos con un grupo de mariachis, un trío de guitarras o con el invitante son de una marimba.

 

LA MARIMBA CHIAPANECA.

El sonido que se contrasta con la vida de Chiapas, instrumento que pasa a formar parte importante en reuniones, fiestas religiosas y momentos especiales para los sancristobalences. La ejecución de la marimba ha sido la inspiración para grandes compositores e intérpretes. Existen familias comprometidas con este arte, el cual ha trascendido de antiguas generaciones.

Este instrumento regional, de la familia de los xilófonos, tiene su origen en Africa, Centroamérica y Sudamérica. Consiste en un conjunto de láminas de madera de diferente tamaño y espesor. Debajo de las láminas hay resonadores hechos de calabazas. Ha sido modernizada (primero por Sebastián Hurtado, de Guatemala en 1895) y ahora se hace de barras de madera dura de grosor uniforme y con resonadores tubulares de metal, afinados, con extensión de seis o siete octavas. Se toca con con masillos forrados de caucho o fieltro. Suelen ejecutar este instrumento de dos a cinco músicos.


LA BANDA

La banda de un pueblo, el corazón de un recorrido del sábado por la tarde o bien, el día domingo, alrededor del kiosco que resalta en el parque central.

No hace mucho tiempo que los lugareños y visitantes de esta ciudad, disfrutaban de la alegría de una banda, la cual por motivos económicos , abandonó sus instrumentos en uno de los cuartos de la casa de la cultura por varios años; pero el interés por despertar de nuevo el sonido de tambores, saxofones, trombones, trompetas y platillos, llevó a Cuxtitali a ser el sitio en donde cada instrumento emitiría de nuevo su sonido.
Ahora llamada LA Banda de los Consejos, deleita en ocasiones especiales el sentimiento de esta ciudad.

 

GRUPOS MODERNOS.

Al caminar por las calles, se dará cuenta de la cantidad de grupos musicales que dedican su tiempo a ensayar melodías, generalmente modernas, para ambientar fiestas y reuniones sociales. El tipo de instrumentación es de tecnología actual; guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores, bafles, etcétera. Jóvenes aficionados al quehacer musical.

Así es como la armonía entorna a San Cristóbal, sea la marimba, los mariachis, la banda, los tríos, los conjuntos modernos o conciertos programados por centros culturales, la música será parte fundamental de ambientes que se respiran a diario.


 
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San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México
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